1. Seleccione un concepto de la siguiente lista y desarrolle una explicación que de cuenta de la forma en la que el autor lo construye, la relación que plantea con otros conceptos inmediatos y plantee una hipótesis acerca del objetivo del autor al construirlo: el carnaval, la risa, lo dionisíaco - lo apolíneo, el grotesco, cuerpo medieval/renacentista, lo bajo y lo alto.
2. Explique qué concepción de Medioevo construye el autor en este texto y qué relaciones propone con el Renacimiento. Produzca hipótesis acerca del impacto de esto sobre las representaciones contemporáneas de ambos períodos.
3. Describa y explique un ejemplo de herramienta metodológica que pueda derivarse del texto de Bajtín en relación con dos campos de aplicación: el estudio de la literatura y la producción de proyecciones didácticas.
carnaval.
Según el autor este evento se trata de un fenómeno social y cultural. Es decir, se trata de un
proceso que permite la reunión de diversas personas provenientes de la sociedad medieval.
Su desarrollo abarca la plaza pública (el espacio compartido) y su naturaleza impide que los individuos
acudan como invitados, ya que al vivirlo, no había posibilidad de ser un espectador.
Al no haber escenario ni espectadores, todos son actores. Y en todo caso, el escenario se trataría de la
plaza pública.
Otra de las características del carnaval es que representa lo que se denomina el mundo de al revés
aunque ¿Qué quiere decir esto? justamente como se trata de desjerarquizar, de romper con las
estructuras establecidas y de parodiar al espacio oficial, a la cultura oficial y a los lugares del poder
este mundo de al revés emplea la risa como resistencia a los valores culturales de la clase dominante,
a la verdad o ideología de Estado. Con ello, constituye una relativización de la veracidad instituida.
Entonces al no existir una verdad absoluta que devenga de la religión o que devenga del Estado
podríamos afirmar que esa verdad instituida ya no es una, sino que se relativiza.
Esta ambivalencia carnavalesca también tendrá lugar con la coronación de lo burlesco. Dicho de otra
manera, en un mundo jerárquico y clásico el premio será para las personas con dotes sobresalientes
asociados con la belleza o la inteligencia, en el mundo del carnaval los más desposeídos serán
entronados. Un ejemplo de esto podría ser la coronación de los tontos mediante la fiesta del Rey de los
Tontos. Por lo tanto, se glorificará aquello que no cumpla con los cánones de belleza establecidos. En
otras palabras lo que denominaría Foucault (1974) como monstruo. Justamente los monstruos serán
quienes van a portar la corona representando todos los valores no reconocidos o no asignados por el
poder al pueblo, es decir a lo popular.
Esta ruptura jerárquica al mismo tiempo establece una relación con todo lo que es excéntrico en el
sentido de en tanto ruptura del canon, en tanto ruptura de las costumbres, en tanto ruptura de lo
cotidiano, en tanto ruptura de la obediencia. Lo deforme, lo anormal cobra protagonismo.
En relación a lo comunitario del carnaval Bajtin también señala que el cuerpo de la persona que
participa en el carnaval no es biológico e individual, sino que es entendido como un cuerpo social y
del pueblo porque las entrañas, los genitales y los esfínteres ponen en contacto a esta con la
comunidad que permanentemente crece y muere (se degrada). La degradación entonces es parte de un
proceso vital y cíclico no sólo perteneciente a la naturaleza humana, sino de toda la naturaleza.
La naturaleza por lo tanto la entendemos como un ciclo en donde la muerte no es el final sino el
comienzo de algo nuevo. Así, la idea de degradación no es la idea de degradación como instancia final
sino de degradación como principio de algo nuevo.
Entonces cuando hablamos de carnaval, no nos referimos solo a la fiesta, sino que lo comprendemos
como el momento en donde el cuerpo individual se une a otros cuerpos y es percibido como cuerpo
social, en tanto todos pertenecemos a un ritmo y a un ciclo que nace, crece, se reproduce y se reinicia.
2
Una de las cuestiones que plantea Bajtin, estará relacionada con la interpretación moderna de los
fenómenos de la cultura popular de la Edad Media. De esta forma, el autor mencionará que su estudio
se llevará a cabo de forma aislada y totalmente desligada de su seno materno: las formas rituales y los
espectáculos carnavalescos. Debido a esto, la esencia de estas manifestaciones no será descubierta y
serán descontextualizadas mediante la perspectiva moderna. Lo que provocará que se sientan tan
ajenos a la actualidad.
Incluso, algunos autores renacentistas asociarán la obra de Rabelais a la vida de los burgueses, a
través del interés material del hombre en su aspecto privado y egoísta.
Sin embargo, la degradación del cuerpo como portador de una transferencia al plano material y
corporal de lo elevado, espiritual, ideal y abstracto mediante las parodias latinas de la Edad Media
extraídas de la Biblia, de los evangelios y de otros textos sagrados, se tratará de uno de los rasgos más
distintivos y típicos de la comicidad medieval ya que consistirá en transferir las ceremonias y ritos
religiosos de carácter espiritual al plano material y corporal; un ejemplo de esto será la degradación de
la ideología y la imagen caballeresca de Don Quijote que retomaremos más adelante.
A pesar de esto, primero es necesario detallar en qué consiste la degradación del realismo grotesco.
Básicamente, la degradación no tiene un carácter formal. Lo alto es el cielo y lo bajo es la tierra, la
degradación permite que la parte inferior del individuo entre en contacto con todo aquello de lo que
no se habla o expresa públicamente como el vientre, los órganos genitales y en consecuencia también
con los actos como el coito, el embarazo, la absorción de alimentos y la satisfacción de necesidades
naturales. La degradación da lugar a un nuevo nacimiento. Por lo tanto, adopta un carácter positivo y
regenerador, donde los cuerpos no mueren, sino que se introducen a algo nuevo.
Por este motivo, la parodia medieval no se parecerá en nada a la parodia literaria formal de nuestra
época.
En cambio, la parodia moderna también degradará pero con un carácter negativo, carente de esta
ambivalencia regeneradora. Por eso, la parodia como género y la degradación en general no podrían
conservar, en la época moderna, su extensa significación originaria.
Aunque las degradaciones (paródicas y de otro tipo) se tratan de características muy asociadas con la
literatura del Renacimiento (de modo profundo y completo en Rabelais) en esta época el principio
material y corporal cambia de significado y se vuelve más limitado y su naturaleza y carácter festivo
se acentúan. Es así en el caso de la obra de Cervantes en donde el mundo al revés se muestra de
manera clara y contundente: un caballero que no es caballero como personaje principal, una princesa
que dista mucho de ser el estereotipo de la realeza; y un escudero que lejos de ser valiente, se dedica a
reflexionar sobre las cuestiones del mundo. Monstruos imaginarios y reyes que sirven bebidas en una
vieja taberna. Don Quijote, como personaje, imagina un mundo alterno, sacado completamente de su
imaginación, y él mismo crea un carnaval dentro de su cabeza.
El rol de Sancho frente a Don Quijote podría ser comparado con el rol de las parodias medievales (en
relación a las ideas y cultos sublimes) frente al rol del bufón frente al ceremonial serio. Sin embargo,
con Cervantes los cuerpos y objetos se domestican1 y son rebajados al nivel de accesorios inmóviles
de la vida cotidiana individual, al de objetos de codicia y posesión egoístas. Lo inferior ya no es
positivo, capaz de renacer y renovarse, sino un método utilizado para levantarse contra las
aspiraciones del ideal. En la vida cotidiana de los individuos aislados, las imágenes de lo inferior
corporal solo conservan su valor negativo y pierden casi totalmente su fuerza positiva, su relación con
la tierra y quedan reducidas a ser imágenes que expresan concepciones relacionadas con la
inferioridad corporal.
Por lo tanto, esto constituye el drama original del principio material y corporal en la literatura del
Renacimiento: el cuerpo y las cosas son sustraídas a la tierra engendradora y apartadas del cuerpo
universal al que estaban unidos en la cultura popular.
Mencionado todo esto, a la hipótesis a la que podríamos llegar es que en la Edad Media las personas
eran más conscientes de sus imperfecciones. Conforme al avance del Renacimiento las estructuras de
poder de tipo absolutista y su admiración por los cánones clásicos -cuerpo clásico- fueron
afianzándose, los elementos populares presentes en lo carnavalesco fueron contemplados desde la
óptica de lo vulgar y lo inculto y combatidos desde el poder, que reconocía en ellos variables que se
prestaban a la politización, lo que favoreció su progresiva domesticación o disciplinamiento desde las
instituciones. Esto sigue presente en la actualidad, donde observamos a los cuerpos inacabados con
desagrado o de forma grotesca.
3
En el ámbito literario, la parodia medieval se basa completamente en la concepción grotesca del
cuerpo, lo cual influye también en las groserías y juramentos de excepcional importancia para la
comprensión de la literatura del realismo grotesco.
Estos elementos lingüísticos ejercieron una influencia organizadora sobre el lenguaje, el estilo y la
construcción de las imágenes de esa literatura. Eran fórmulas dinámicas que expresaban la verdad con
franqueza y estaban profundamente emparentadas por su origen.
Las groserías y obscenidades modernas han conservado las ideas negativas relacionadas con la
concepción del cuerpo. Estas groserías lo que hacen en términos de Bajtin (1965) es “humillar al
destinatario y enviarlo al lugar inferior corporal absoluto, a la región genital o a la tumba corporal
donde será destruido y engendrado de nuevo”.
En las groserías contemporáneas no queda nada de la ambivalencia carnavalesca regeneradora, sino la
negación pura y llana, el cinismo y el insulto puro. Mediante Bajtin podemos mencionar que se tratan
de expresiones totalmente aisladas y carentes de sentido. En el caso de Rabelais se tratan de
expresiones profundamente relacionadas con las formas de degradaciones heredadas del realismo
grotesco, con los disfraces de las fiestas y carnavales, con las imágenes de las diabluras y de los
infiernos en la literatura de las peregrinaciones, etc. Por eso estas expresiones podían desempeñar un
rol primordial en su obra.
En base a estas cuestiones, podemos plantear diversas ideas:
Primero, los insultos actuales perdieron la esencia paródica del carnaval y pretenden mediante el
cuerpo herir o exponer las inseguridades que poseen los individuos. A diferencia de glorificar aquellas
cualidades no tan estéticamente pulidas que planteaba Bajtin, se utilizará el cuerpo como un arma para
expresar la agresividad y la violencia. Esto se puede visibilizar para debatir el objetivo o los
propósitos que poseen los insultos como herramientas del lenguaje.
Segundo, a través de otros medios artísticos modernos aún podemos observar algunos rasgos del
carnaval. Uno de estos ejemplos será la película de Disney El Jorobado de Notre Deam, en donde se
verá claramente como la figura del jorobado se deforma y atonta para convertirlo en el bufón o en el
payaso. Esta ambivalencia lo que hace es romper las dicotomías y los binarismos entre lo alto y lo
bajo, entonces reina una inteligencia atontada y se privilegian las zonas corporales.
La búsqueda de lo carnavalesco en elementos de comunicación modernos puede ser empleado por
nosotros -como docentes- para reivindicar la presencia del pasado medieval y deconstruir los
prejuicios que se posan sobre él.
Tercero, la carnavalización (que engloba la risa, lo grotesco, las groserías y demás) que plantea Bajtin
puede ser utilizado como un elemento teórico para analizar una obra literaria. De alguna manera, en la
literatura carnavalesca se debilita el lenguaje formal y los temas serios, lo cual le abre el camino a un
lenguaje casi burlesco que acabará con el pragmatismo literario que se centrará en el lenguaje.
En relación a esto último, nuestro rol como docentes será el de enseñar a prestar atención al desarrollo
de la historia, a la narración de los sucesos y notar como poco a poco se va a ir transformando la trama
para pasar de lo común a lo inverosímil.
En este sentido, podemos también mencionar que cualquier clase de literatura puede ser por sí misma
un carnaval, ya que a fin de cuentas, la vida misma presenta acontecimientos inverosímiles y que
-debido a esta característica- los giros contarán con la posibilidad de transformar nuestras historias
hasta convertirlas en algo ajeno a nosotros y nosotras.
Bibliografía
● Bajtin, M. (1965). La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. Universidad
Nacional de Buenos Aires. Alianza.

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